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                          La Escuela de las hadas

Las jóvenes hadas, que iban siguiendo a su Hada Madrina por el sendero, se detuvieron a una orden de ella. Habían llegado hasta un círculo de piedra que se encontraba en aquel inmenso bosque. Sabiendo lo que había que hacer, se sentaron cada una en una piedra, mientras su maestra se colocaba en el centro.

— Os he reunido aquí porque creo necesario que estéis en este lugar para que adquiráis un paso importante en vuestro aprendizaje como hadas del bosque. Antiguamente, aquí se celebraban nuestros Círculos de Hadas nocturnos y este lugar fue uno de los escenarios donde ocurrió un hecho sin precedentes en nuestro mundo y también en el mundo de las flores —suspiró hondo al decir esto y realizó una pausa meditativa.

Aquellas jóvenes e inexpertas hadas se miraron intrigadas y guardaron silencio ante la pausa de su maestra, que contemplaba algunas de las piedras que no habían sido ocupadas.

— ¿Conocéis la Leyenda de la Flor Sin Nombre? —preguntó a sus alumnas.

— Es una canción que se canta en los Círculos de las Hadas —respondió una de ellas.

— Exacto, conocéis la canción. Pero hoy os voy a contar la historia completa y verídica de lo que ocurrió hace ya muchísimo tiempo y que debéis conocer si queréis llegar a ser unas buenísimas hadas.

Las hadas aplaudieron expectantes y jubilosas, pues por fin iban a descubrir el porqué se cantaba aquella nostálgica canción en todos los confines de su país y  en todos los reinos de hadas del mundo.

La Hada Madrina se sentó en el centro del círculo de piedra. Y, mirando hacia un árbol que tenía en frente, perdió su mirada en él, comenzando la narración.

Circulo de hadas